Son las 21.30 del martes 16 de junio. La adrenalina de la atareada jornada post feriado empieza a bajar, las personas regresan a sus casas después de su rutina diaria. La cena está casi lista, las bebidas sobre la mesa y porqué no una picada. Los kioscos del barrio terminan de atender apresuradamente a los vecinos que recordaron a último momento algo que tenían que comprar. Los bares empezaron a llenarse hace unos minutos de camisetas celestes y blancas, caras pintadas, algunas cornetas y sombreros. Todos esperan ansiosos el debut oficial de la Selección Argentina en el Mundial 2026. A 10 kilómetros de la Capital tucumana, en una estación de servicio de Banda del Río Salí el movimiento es distinto, empieza a crecer.

La YPF Empalme, ubicada en el kilómetro 1824 de la ruta 9, se preparó todo el día para que sean las 22. Con sus camisetas de Argentina y las manos llenas, los mozos del bar empezaron a preparar las mesas esperando que sus comensales lleguen. De a poco los asientos se fueron ocupando y la cuenta regresiva comenzó. 15 minutos antes de que arrancara el partido el lugar ya estaba casi repleto. Pero a diferencia de otros bares de Tucumán, el lugar se inundó de acentos cordobeses, porteños, rionegrinos y neuquinos.

“Esperamos un gran contingente para esta noche”, le contó a LA GACETA Marcelo Carabajal, el encargado del bar. “Al ser una estación de servicio que está sobre la ruta y al tener un parador la gente nos elige porque además del bar contamos con duchas, espacio para estacionar los vehículos y pasar la noche. Por eso recibimos principalmente a camioneros que viajan desde todo el país y a muchos turistas que vienen del sur de Argentina. En cada Mundial tuvimos la suerte de tener una alta convocatoria”, contó.

Mientras aguarda hambriento su lomo con papas, Sergio Úsqueda mira ansioso al televisor. Es oriundo de Ituzaingó, Buenos Aires, y hace 26 años que trabaja como camionero. “En todos estos años solo pude vivir un Mundial en mi casa. Llegué el lunes a Tucumán pero ya mañana regreso, los tiempos me dieron justo para poder ver el partido de la Selección desde acá. Pese a los años uno no se acostumbra a ver el Mundial de esta forma, pero es muy lindo, el clima que se genera es de hermandad colectiva y la adrenalina es la misma aunque no conozcás al resto de las personas”, dijo.

A su par lo acompaña Pablo Bettinotti, que también viajó desde Buenos Aires a Tucumán en su camión. “No hay nada como ver los partidos en casa, pero en mis 35 años de trabajo la mayoría los vi sobre la ruta. Cuando Argentina ganó la tercera estaba en la provincia así que qué mejor augurio que ver su debut en este nuevo Mundial otra vez aquí. La expectativa es alta y la selección viene de dar muy buenos partidos, tenemos suficientes motivos para alentar por un nuevo triunfo”, afirmó.

MODELOS. Los anfitriones, vestidos con un LA GACETA / MATÍAS QUINTANA

Los platos típicos, como pizzas, sánguches de milanesas, matambre y papas fritas, comienzan a salir. Los carteles de mesa reservada se levantan y cinco minutos antes de que suene el pitido inicial está todo lleno, no quedó un espacio sin ocupar.

El triple festejo

A las 21.55 se escucha un fuerte aplauso y vuvuzelas sonando. En cuestión de segundos el silencio invade el lugar y solo se oye el Himno Nacional Argentino. Acto seguido los aplausos volvieron a copar el lugar junto con gritos de aliento para la Scaloneta. Afuera, la ruta quedó casi paralizada. Adentro, la adrenalina que invadía a cada uno de los presentes no frenó en ningún momento. Primero creció con el primer gol anulado a Lionel Messi, luego cuando Argelia anotó su primer punto, que rápidamente fue celebrado cuando el VAR dio marcha atrás.

La euforia máxima llegó con el primer gol oficial de la mano del “10”. No quedó nadie sentado, todos saltaron, aplaudieron e incluso hubo abrazos entre desconocidos. El final del primer tiempo transcurrió con los comentarios de algunos hinchas que por un momento se convirtieron en directores técnicos mientras comentaban en voz baja cuáles deberían ser las tácticas del juego.

Durante la espera del segundo tiempo el ambiente se distendió. Algunos salían a fumar, familias llegaban apresuradamente y un grupo de playeros que habían terminado su turno se sumaban a la cita multitudinaria. “Estaba todo fríamente calculado”, bromearon.

En diagonal a uno de los televisores estaban Celeste, de 27 años, junto a su hermano y a su hijo Nazareno, de cuatro años. Los tres viven en San Andrés, pero esta vez decidieron iniciar un nuevo ritual. “Siempre vimos los partidos en casa y esta noche quisimos hacer algo distinto así que optamos por venir acá. Llegamos temprano porque teníamos miedo de quedarnos sin lugar. Hay mucha gente y es impresionante pero, por más desconocidos que sean, te sentís conectada con ellos, la pasión es la misma”, dijo.

Con el comienzo del último tiempo, el ánimo era mayor que al principio. Entre puras celebraciones después del segundo y el tercer gol, los hinchas finalizaron una jornada con una inmensa alegría. Con un triunfo en el bolsillo, las familias regresaron a sus casas, los playeros colgaron sus uniformes hasta el próximo turno y los camioneros se fueron a descansar para retornar a la ruta al día siguiente, más ilusionados que nunca.